Información sobre las personas hipocondriacas

Seguro que todos conocemos a alguien que supuestamente siempre y en todo momento está enfermo, y esto se debe a que no se le diagnostica clínicamente ninguna enfermedad, no obstante la enfermedad que sufre se encuentra en su ánima. Por este motivo le vamos a llamar afectuosamente como hizo Molière, el enfermo imaginario.

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Identidad social

Esta clase de enfermo no tiene identidad social determinada, puede encontrarse en el ambiente familiar o bien social y ser nuestro padre o bien nuestro más íntimo amigo.

La meta del hombre que produce esta enfermedad sensible es llamar la atención, usando para esto la herramienta del sufrimiento. Esta persona observará obsesivamente los comportamientos de su cuerpo interno o bien externo y siempre y en toda circunstancia hallarán diferentes molestias que le perturbaran. Va a visitar al médico mas mientras provocará preocupación en su ambiente. Su vida virará envuelta por la pena, la tristeza y la necesidad, aguardando percibir la atención que precisa. Este proceso interno del enfermo se va a crear por el poso de una frustración del pasado que le produjo una depresión que quedó oculta y no pudo superar. Sus arterias sensibles se asfixian continuamente por el hecho de que un día su ánima se anegó de sofocación. Un goteo de tristeza enquistará sus órganos a través del tiempo con diferentes enfermedades, hasta el momento en que en uno de ellos quede impresa una enfermedad real.

Recurrir a información de internet

Otra forma de nutrir y hilar la lona de araña de su enfermedad sensible va a llegar de la mano de los medios. De ellos va a recoger la información de nuevos virus o bien enfermedades que va a saber enlazar y cuyos síntomas descubrirá en sí en menos de 24 horas.

El cansancio y el abandono van a llevar al lecho terminal a nuestro enfermo sensible, que va a haber vivido acompañado de nuestra involuntaria incomprensión. Su objetivo va a haber quedado de este modo satisfecho probando al planeta que su enfermedad era real.

Cuando se es el compañero de un enfermo imaginario, el hecho de ignorar una experiencia o bien situación que le conduce a tener ese comportamiento fuera de lo común, no nos exonera a fin de que nuestra curiosidad se manifieste y empleemos la observación para descubrir y entender.

Deseo lanzar una convidación a los sufridos pacientes pasivos de nuestro querido enfermo imaginario llamado hipocondríaco: Propóngase porqué esa persona siempre y en todo momento precisa sentirse mal. La impotencia al no hallar la solución, provoca a veces el menosprecio cara el enfermo diciéndole, por poner un ejemplo, en más de una ocasión: – ?Siempre estás con lo mismo, ya te lo ha dicho el médico que no tienes nada, son todo nervios?- Y debido a ese menosprecio, el paciente procurará nuevos síntomas que confirmen una nueva enfermedad. Y como es natural, los hallará.

Es bueno aprenderse a consultar a uno mismo, y en un caso así podríamos cuestionarnos lo siguiente: ¿Nos hemos puesto en algún instante en el pensamiento de ese familiar cuyo objetivo de vida es la enfermedad? ¿Por qué razón la persona siempre y en todo momento afirma que le duele algo? ¿Por qué razón continuamente se está quejando? ¿Qué le tiene siempre y en todo momento preocupado? ¿Con qué no está conforme?. Deberíamos meditar sobre ello en vez de lamentarnos tanto como , por el hecho de que seguro que tras la depresión del enfermo, hay algo o bien alguien que un día clavó en su ánima una espada de Damocles de la que no sabe de qué manera liberarse. Ese progresivo sufrimiento no le ha tolerado lograr la serenidad, al no poder reconstruir su planeta de protecciones. Y toda vez que siente el pellizco de aquel sufrimiento, en su ánima se dispara un dispositivo que le fuerza a buscar la contestación en su salud, cuando lo que subyace es un dolor del pasado, que ya debía haber cicatrizado. De este modo, la soledad, el abandono, el cansancio y el abatimiento se transformarán en los compañeros de viaje de su ánima herida, con lo que comenzará a solicitar socorro a aquellos que ignoran su sufrimiento.

Muchos han sido los debates en torno a la famosa y afianzada oración ?El hombre y su circunstancia?. Estas palabras guardan entre sí una compleja y profunda relación, que la carencia de reflexión deja que queden en la obscuridad.

Las consecuencias que se provocan en un instante vital de la vida, muchas veces, crean esenciales cambios en nuestra actitud, incapacitándonos para ahondar en la causa. Siempre y en todo momento aguardamos que el tiempo nos aporte la madurez precisa para entender y superar todas y cada una aquellas pruebas que la vida nos demanda para aprender a evolucionar, mas a veces se precisa de alguien que nos asista a entender nuestras experiencias, y el mensaje que manda nuestra ánima a nuestro ser consciente. Es decir: el antídoto está en uno mismo. Si no es de esta manera, vamos a pasar a ser nuestros verdugos. Por esta razón el enfermo va a deber tomar la resolución de mudar, estimando que precisa tiempo y esmero para solventar aquello que le hizo transformarse en el centro de atención de la vida del resto para sentirse valorado y retribuido. Mas, ¿por quién?

Cada vida es un planeta y cada persona un cosmos, y el hombre precisará para evolucionar, sentirse protegido por los puntales de su existencia, que van a estar constituidos por aquellos seres que le aman, le resguardan y le respetan, afianzando de esta forma los fundamentos de su ser y de su existencia.